Los miembros de Alcohólicos Anónimos consideramos que
nuestros lectores se interesarán en conocer el informe que rinde
un médico acerca del método de restablecimiento que se describe
en este libro. El testimonio más convincente desde luego será
aquél que provenga de los médicos, sobre todo de aquéllos que
han tenido ya experiencias con los padecimientos de nuestros
miembros y que han sido testigos de nuestro regreso a un estado
sano. Un médico muy prestigiado, él mismo, médico en jefe de
un prominente hospital conocido en el ámbito nacional y que se
ha especializado tanto en el alcoholismo, así como en la adicción
a las drogas, le ha obsequiado a Alcohólicos Anónimos el siguiente
reconocimiento:
A quien corresponda:
Durante muchos años he estado especializándome en el tratamiento
de alcoholismo.
Hace casi cuatro años que atendí a un paciente que, no obstante
haber sido un hombre de negocios muy capaz, y que gozaba de altos
ingresos, era un alcohólico de las características que yo había llegado
a diagnosticar como sin esperanza de curación.
Cuando estaba en tratamiento tras su tercer ingreso al hospital,
este paciente reunió una serie de ideas que había obtenido
previamente, encaminadas a lograr un medio probable de
rehabilitación del alcoholismo
Como una parte de su rehabilitación, empezó a compartir sus
conceptos a otros alcohólicos, insistiendo en ellos con la idea de que
debían, de la misma manera, compartir con otros alcohólicos tales
ideas. A partir de esta base, ha empezado a crecer rápidamente una
Agrupación de estos hombres y mujeres. Mi paciente y más de cien
alcohólicos presentan rasgos de haberse recuperado.
De manera personal he conocido a treinta de estos pacientes,
mismos que tenían las mismas características de aquéllos en los cuales
todos los recursos médicos disponibles habían fallado totalmente.
Estos hechos representan una importancia médica suprema, debido
a que las extraordinarias posibilidades de un rápido crecimiento
particular a este grupo, representan muy probablemente el inicio de
una nueva época en los anales del alcoholismo. Es probable que
estas personas tengan ya el remedio para miles de situaciones
semejantes.
Sobre todos los aspectos que les mencionen a los interesados estas
personas sobre ellas mismas, pueden ustedes tener la más absoluta
confianza.
Muy atentamente,
William D. Silkworth, M.D.
El médico que nos otorgó esta carta, de acuerdo a nuestras
peticiones, ha tenido la gentileza de ampliar aun sus puntos de vista
en las aseveraciones que siguen. Aquí confirma que quienes hemos
padecido la tortura alcohólica debemos de entender que el organismo
de un alcohólico está tan enfermo como lo está su mente. No
quedamos satisfechos con que se nos dijese que no podíamos beber
alcohol ordenadamente nada más porque no nos ajustábamos a la
vida, que porque estábamos en un total alejamiento de la realidad,
que porque francamente padecíamos de defectos mentales. Todos
estas razones eran ciertas hasta cierto punto, es más, hasta un punto
muy avanzado respecto a varios de nosotros. Sin embargo, estamos
seguros de que nuestros organismos están igualmente enfermos. En
nuestro punto de vista, cualquier estudio que se haga sobre el
alcohólico y que no considere los factores físicos en forma integral,
no será un estudio completo.
La teoría del doctor, acerca de que tenemos una alergia al alcohol,
nos es muy interesante. Como personas no científicas, nuestra opinión
acerca de lo rotundo de este concepto, desde luego que puede
significar muy poco. Sin embargo, como personas que bebimos en
el pasado, podemos decir que esta explicación tiene mucho sentido.
La misma explica muchas cosas que de otra forma no podríamos
considerar.
No obstante que apoyamos nuestra solución al alcoholismo sobre
el plano espiritual, así como el altruista, plenamente apoyamos la
hospitalización para aquel alcohólico que padezca de temblores o de
neblina causados por el alcohol. En la mayor parte de los casos, es
un imperativo el que el cerebro de una persona sea clarificado antes
de ser informado; pues de tal manera, dicha persona alcohólica tendrá
una mayor facilidad de entender y de aceptar todo lo que tenemos
para ofrecerle.
Es, de esta manera, que el doctor nos expresa lo siguiente:
El tema desarrollado en este libro me parece ser de fundamental
importancia hacia aquellas personas que padezcan de la adicción al
alcohol.
Esto lo digo después de mi experiencia de muchos años como
Médico en Jefe de uno de los hospitales más antiguos en el país
dedicados a tratar adicciones al alcohol y a las drogas.
Fue para mí, por lo tanto, un asunto de auténtica satisfacción
cuando se me pidió que aportara unas pocas palabras sobre un tema
que se desarrolla en un fino detalle en estas páginas.
Los médicos nos hemos dado cuenta por mucho tiempo de que
para las personas alcohólicas era de suprema importancia un cierto
tipo de psicología moral, mas su aplicación presentaba una serie de
dificultades que nos rebasaban a los médicos. Aun con nuestras
normas ultramodernas, con nuestro rigor científico aplicado a todas
las cosas; es probable que no estemos suficientemente equipados
para hacer la aplicación de todo aquello bueno que existe fuera de
nuestro sintetizado conocimiento.
Hace aproximadamente cuatro años que uno de los autores de
este libro se sometió a tratamiento en este hospital y durante su
estancia adquirió varias ideas, mismas que puso en aplicación práctica
enseguida.
Posteriormente, él pidió se le dejara platicar su historia a otros
pacientes aquí mismo y, no sin ciertos titubeos, se lo permitimos.
Los casos que le sucedieron han sido de lo más interesante; de hecho,
muchos de ellos son asombrosos. La abnegación de estas personas,
tal como lo hemos llegado a conocer, la ausencia total de un sentido
utilitario, así como su espíritu comunitario, alienta, indudablemente,
a quien ha trabajado larga e incansablemente en este campo del
alcoholismo. Estas personas tienen fe en si mismas, y aun más fe en
un Poder que arranca al alcohólico crónico de las mismas puertas de
la muerte.
Es desde luego deseable que un alcohólico sea liberado de su
anhelo físico por el licor, y esto a menudo requiere de una
hospitalización programada, con objeto de que las medidas de orden
psicológico sean de máximo beneficio.
Creemos, y así lo sugerimos hace unos pocos años, que la acción
del alcohol en estos alcohólicos crónicos es la manifestación de una
alergia; que el fenómeno de la sed alcohólica es característico de
este tipo de individuos y nunca se presenta en ninguna persona que
ingiera alcohol en forma ordenada, del tipo ordinario. Estos tipos
alérgicos nunca pueden ingerir alcohol en ninguna presentación sin
que corran peligro; también, una vez que se ha formado el hábito y
que la persona ha visto que no puede romperlo, una vez que han
perdido la confianza en ellos mismos, así como su confianza en los
asuntos humanos, sus problemas se acumulan sobre ellos y se
convierten en algo asombrosamente difícil de resolver.
La motivación emocional muy rara vez es suficiente. El mensaje
que puede interesar y sostener a estas personas alcohólicas debe
tener peso específico. En casi todos los casos, sus ideales deben
depositarse en un poder superior a ellos, si es que desean volver a
crear sus vidas.
Si alguien cree que los psiquiatras que dirigimos un hospital para
alcohólicos damos la impresión de ser algo sentimentales, permítanle
que pase un tiempo con nosotros en la línea de fuego, que vea las
tragedias, que vea a las desesperadas esposas, a los niños pequeños;
que resuelva los problemas cotidianos hasta llegar a ser una rutina
en sus diarias ocupaciones, aun hasta de sus ratos de sueño y verá
como hasta el más insensible no se asombrará de por qué hemos
aceptado y animado este movimiento. Vemos que, después de muchos
años de experiencia, no hemos encontrado nada que haya contribuido
más a la rehabilitación de estos seres humanos que el altruista
movimiento que se está desarrollando entre ellos.
Hombres y mujeres beben esencialmente porque les agrada el
efecto que produce el alcohol. La sensación es tan engañosa que, en
tanto que ellos admiten que es nociva, después de un cierto tiempo
no son capaces de distinguir entre lo verdadero y lo que es falso.
Para ellos su vida alcohólica para ser la normal. No pueden descansar,
están irritables y descontentos, a menos que vuelvan a experimentar
la sensación de tranquilidad y de bienestar que sobreviene una vez
que han tomado unos tragos. Tragos que ellos ven a otros ingerir y
salir sin dificultad alguna. Después de que han sucumbido
nuevamente a su deseo por beber, como muchos lo hacen,
desarrollándose el fenómeno de sed alcohólica; atraviesan por las
tan conocidas etapas de una juerga, de la cual quedan con
remordimientos y con una firme resolución de jamás volver a beber.
Este ciclo se repite una y otra vez y, a menos que la persona
experimente un cambio psíquico, existen muy pocas esperanzas de
rehabilitación.
Por otro lado y no importando lo extraño que pudiese parecer a
quienes no lo comprendan, una vez que ha ocurrido el cambio
anímico, aquella misma persona que parecía condenada, quien
hubiese tenido tantos problemas y que se hubiera desesperado de
tener que resolverlos siempre, repentinamente se encuentra en
condiciones sencillas de controlar su deseo por beber alcohol, siendo
que lo único que requirió fue seguir unas pocas y sencillas reglas.
Hay quienes han gritado ante mí en un sincero y desesperado
ruego: ¡Doctor, ya no puedo seguir de esta manera. Deseo seguir
vivo! ¡Sé que debo dejar de beber pero no puedo! ¡Tiene usted que
ayudarme!"
Dando cara a este problema, si un médico es sincero consigo
mismo, algunas veces tendrá que admitir su incapacidad. No importa
que dé todo lo que él tenga, a menudo ese todo no es suficiente. Uno
siente que algo" más que el poder humano es necesario para que se
produzca el esencial cambio psíquico. Aunque es considerable el
numero de casos de recuperación debidos al tratamiento psiquiátrico,
los médicos debemos de admitir que hemos ahondado poco en el
problema considerado en su globalidad. Hay muchos individuos que
no están reaccionando favorablemente al tratamiento psicológico.
No estoy enteramente de acuerdo con quienes creen que el
alcoholismo es en su totalidad un problema de control mental. He
tenido a muchos pacientes, por ejemplo, quienes han estado
esforzándose en algún problema, o en algún asunto comercial que
se iba a finiquitar en una cierta fecha, favorable para ellos. Bebieron
una copa un día o un poco más antes de esa fecha crucial y entonces
el fenómeno de la sed alcohólica de inmediato se colocó muy por
encima de todos los demás intereses, dando lugar a que esta import
ante reunión no se llevara a cabo. Estos hombres no bebieron para
escapar; estuvieron bebiendo para superar una sed alcohólica que
estaba mucho más allá de su control mental.
Existen muchas situaciones que surgen del fenómeno de la sed
alcohólica y que hacen que los seres humanos hagan el sacrificio
supremo más que continuar luchando.
La clasificación de los alcohólicos parece ser mucho más difícil y
sus detalles minuciosos, es algo que se escapa del alcance de este
libro. Tenemos, desde luego, a los enfermos mentales, quienes son
emocionalmente inestables. Todos estamos ya familiarizados con
esta clasificación. Siempre están dejando de beber para siempre".
Siempre experimentan demasiados remordimientos y hacen muchas
promesas, pero nunca toman una decisión.
Existe el tipo de persona que no está dispuesta a admitir que no
puede beber una copa. Se pone a planear varias formas de beber.
Cambia de marca o de medio ambiente. Está la clasificación del que
siempre piensa que por haber estado sin alcohol en su organismo
por un periodo puede beber sin que esto le represente peligro. Está
la clasificación del maníaco-depresivo que es, muy probablemente,
el menos comprendido por sus amistades y acerca de quien se podría
escribir un capítulo completo.
De aquí siguen las clasificaciones de los totalmente normales
excepto en el efecto que el alcohol tiene sobre ellos. Son a menudo
personas competentes, inteligentes y amigables.
Todos estos y muchos otros tienen, sin embargo, un síntoma en
común: No pueden empezar a beber sin que se desarrolle en ellos el
fenómeno de la sed alcohólica. Este última fenómeno, tal como lo
hemos sugerido, probablemente sea la manifestación de una alergia
la cual establece la diferenciación de estas personas y los coloca por
separado como seres totalmente diferentes. Esta alergia, nunca ha
podido erradicarse bajo ningún tratamiento en forma permanente y
del que tengamos conocimiento. El único alivio que tenemos para
sugerir es la total abstinencia.
Esto último nos pone directamente en el estira y afloja de la
controversia. Se ha escrito mucho a favor, mucho en contra; sin
embargo, entre los médicos la opinión generalizada parece ser que
los alcohólicos crónicos están condenados a muerte.
¿Cuál es la solución? Permítanme contar una experiencia que me
ocurrió hace dos años:
Cerca de un año antes de esta experiencia nos fue traído un hombre
para ser tratado de alcoholismo crónico. Estaba casi recuperado de
una hemorragia estomacal y daba la impresión de ser un caso de
deterioro patológico mental. Ya había perdido todo lo que tenía de
bueno en su vida y sólo vivía, se puede decir que nada más para
beber. Admitió plenamente y creyó que no tenía esperanzas. Después
de que se le eliminó el alcohol de su organismo, encontramos que
no había daño cerebral permanente. Aceptó el método delineado en
este libro. Un año más tarde me pidió una cita para consulta y, en ese
momento, experimenté una sensación muy extraña. Lo conocía por
su nombre y en forma parcial reconocí sus facciones, pero ahí se
acabó todo el parecido. De aquel despojo tembloroso, desesperado
y nervioso, había surgido un hombre reluciente de confianza en si
mismo y de contentamiento. Platiqué con el un rato, pero no acababa
de creer yo mismo que antes lo había conocido. Me era extraño y en
eso se marchó. Hace ya más de tres años y no ha vuelto a beber
alcohol.
Cuando necesito de un estímulo en mi mente para elevar el espíritu,
me pongo a pensar en otro caso que me reportó un destacado médico
de Nueva York. Sucede que el paciente ya se había hecho su propio
diagnóstico y decidió así que su situación no ofrecía ninguna
esperanza, escondiéndose en un granja desocupada ya con la
intención de morirse. Fue sacado de ahí por dos rescatistas y me lo
trajeron en un estado desesperado. Después de su rehabilitación física,
tuvo una plática conmigo en la cual con toda franqueza puso de
manifiesto que el tratamiento era una esfuerzo desperdiciado, a menos
que yo le asegurase lo que nadie le había hecho antes de que en
lo futuro tendría el la fuerza de voluntad" para no ceder al impulso
por beber.
Era tan complejo su problema alcohólico y tan grande su depresión,
que creí que su única esperanza sería a través de lo que llamábamos
psicología del estado de ánimo" y dudamos que aun esto pudiese
tener algún efecto.
Sin embargo, sí compró este hombre las ideas contenidas en este
libro. Hace tres años ya que no ha vuelto a beber. Lo veo de vez en
cuando y es una muestra tan noble de comportamiento que uno
quisiera siempre encontrar.
Recomiendo de manera genuina a los alcohólicos a que
lean este libro hasta su última página y que si algunos de
ellos lo hiciesen sólo por mofarse, es posible que ellos
mismos se pongan a rezar.
William D. Silkworth, M.D.
LA OPINIÓN DE UN MEDICO
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