Entre los numerosos empleadores que conocemos, pensamos en
uno de nuestros miembros que ha pasado una gran parte de su vida
en el mundo de las grandes empresas. Él ha contratado y despedido
a centenares de hombres. Conoce al alcohólico como puede conocerlo
un empleador. Su punto de vista actual debería revelarse como
excepcionalmente útil a todos los empresarios.
Pero, dejémosle la palabra:
En un tiempo yo era subdirector de una empresa que ocupaba a
seiscientos sesenta empleados. Un día, mi secretaria me anunció que
el señor B. insistía en hablarme por teléfono. Le di instrucciones de
contestarle que no me interesaba hablar con él. Ya varias veces le
había advertido a este empleado que no le quedaba más que una
oportunidad. Poco tiempo después me telefoneó dos días seguidos
desde Hartford, en un estado de ebriedad tal que a duras penas podía
hablar. Le dije que ahora sí estaba despedido, y para siempre.
Mi secretaria regresó a decirme que el señor B. no era quien
estaba al teléfono, sino su hermano, y que éste tenía un recado para
mí. Yo esperaba una petición de clemencia, pero esto fue lo que
escuché del otro extremo de la línea: Quería decirle solamente que
Paul se arrojó desde una ventana de un Hotel en Hartford el sábado
último. Dejó una nota diciendo que usted era el mejor patrón que
jamás hubiese tenido, y que usted no era responsable en absoluto de
lo sucedido."
En otra ocasión, al abrir una carta que estaba sobre mi escritorio,
se escapó un recorte de periódico: se trataba del obituario de uno de
los mejores vendedores que yo jamás hubiese tenido a mi servicio.
Después de beber durante quince días, activó con el dedo del pie el
gatillo de una escopeta cuyo cañón se había puesto dentro de la boca.
Yo lo había despedido seis semanas atrás a causa de su alcoholismo.
He aquí un último ejemplo. Una voz de mujer me hablaba
débilmente a través del teléfono, desde Virginia. Ella quería saber si
la póliza de seguro de vida de su marido estaba aún vigente. Cuatro
días antes él se había colgado en su cabaña de caza. Debido a que
bebía, me vi obligado a despedirlo, a pesar de su inteligencia y de
su dinamismo; era uno de los mejores organizadores que yo
hubiese conocido.
He aquí a tres hombres excepcionales que el mundo perdió
porque yo no conocía el alcoholismo como ahora lo conozco.
Para colmo de la ironía, ¡yo mismo me convertí en un alcohólico!
Y sin la intervención de una persona que me ha comprendido,
quizá yo hubiese seguido su camino. Mi caída ha costado al mundo
de los negocios no se sabe cuantos miles de dólares, ya que se
necesita mucho dinero para preparar a un hombre destinado a un
puesto de alta dirección. Este tipo de desperdicio jamás se
recupera. Según nosotros, el mundo de los negocios está afectado
por una situación que podría mejorarse con una mejor y general
comprensión.
Casi todos los empleadores modernos sienten una responsabilidad
moral por el bienestar de su personal y tratan de hacer frente a tal
responsabilidad. Se comprende fácilmente por qué jamás la han
sentido por los alcohólicos. A los ojos del patrón, el alcohólico es
un tonto de primer orden. Quizá debido al particular talento del
empleado o al afecto personal del empleador, a menudo éste ha
conservado en su puesto al alcohólico mucho más tiempo de lo
que hubiera sido razonable. Algunos empleadores han recurrido
a cada uno de los remedios conocidos. Sólo en pocos casos ha
habido falta de paciencia y de tolerancia. Y nosotros, que hemos
abusado de los mejores empleadores, difícilmente podríamos
reprocharles que hubiesen sido bruscos.
Este es un ejemplo típico: un director de una de las más grandes
instituciones bancarias de los Estados Unidos de América sabe
que ya no bebo. Un día me habló de un dirigente del mismo banco
que, partiendo del retrato que me hizo de él, era sin ninguna duda
un alcohólico. Vi en ello la oportunidad de servir y entonces,
durante dos horas, le hablé sobre esta enfermedad, describiéndole
los síntomas y las consecuencias lo mejor que pude. Su comentario
fue: Muy interesante, pero estoy seguro de que este hombre ha
resuelto su problema de alcohol. Acaba de regresar de una licencia
de tres meses, siguió una cura de desintoxicación, parece estar en
forma y, en conclusión, el consejo de administración le ha dicho
que ésta es su última oportunidad."
Yo solamente pude responder que si ese hombre seguía el modelo
usual, recaería más gravemente que nunca. Eso, pensaba yo, era
inevitable, y me preguntaba si el banco no estaría actuando de manera
injusta con él. ¿Por qué no ponerlo en contacto con algún miembro
alcohólico de uno de nuestros grupos? Quizá tuviese una oportunidad
de salir del problema. Le destaqué el hecho de que yo no había
ingerido una gota de alcohol desde hacía tres años, a pesar de las
dificultades que hubieran empujado a nueve hombres entre diez a
emborracharse. ¿Por qué no ofrecerle la oportunidad de escuchar mi
propia experiencia? Oh, no", dijo mi amigo. Este hombre o termina
con el alcohol o se quedará sin trabajo. Si tiene tu fuerza de voluntad
y tu carácter, va a triunfar y a salir."
Yo hubiese querido gritar mi desánimo, puesto que veía que no
había podido lograr que mi amigo banquero comprendiese.
Simplemente, él no podía creer que su colega del consejo sufría una
grave enfermedad. No había nada que hacer más que esperar.
El hombre en cuestión efectivamente recayó y perdió su empleo.
Nos pusimos en contacto con él después de su despido. Sin dificultad
aceptó los principios y el método que nos habían ayudado a nosotros.
No tengo ninguna duda de que él se está restableciendo. Para mí,
este incidente ilustra la incomprensión que se tiene del sufrimiento
del alcohólico y la ignorancia de los empleadores en cuanto al papel
que ellos podrían desempeñar en el restablecimiento de sus empleados
atacados por esta enfermedad.
Si usted desea ayudar a algún alcohólico, haría bien en no tomar
en cuenta su propia manera de beber o de no beber. Ya sea que usted
sea un bebedor fuerte, un bebedor moderado o un abstemio, puede
tener opiniones muy radicales y quizás hasta prejuicios al respecto.
Si usted bebe moderadamente, quizá le fastidien más los alcohólicos
que a aquellas personas que no beben en absoluto. El hecho de beber
ocasionalmente y comprender sus propias reacciones le proporciona
una seguridad hacia tantas cosas que no tienen necesariamente los
alcohólicos. Si bebe moderadamente, puede beber o no beber, a
voluntad. Usted puede controlar su manera de beber cuando lo desee.
Si una noche se sobrepasa, podrá levantarse en la mañana, sacudir
su cabeza e ir a atender sus ocupaciones. Para usted, el alcohol no
es verdaderamente un problema. No puede comprender que lo
pueda ser para alguien más, a menos que sea una persona sin
voluntad o un estúpido.
Una vez que trate con un alcohólico, puede sentirse, y es Observar actuar a un alcohólico en su empresa puede serle
útil. ¿Acaso este alcohólico no es habitualmente brillante, de
mente ágil, lleno de imaginación y simpático? Cuando está
sobrio, ¿no trabaja duro y no tiene el don de hacer que las
cosas salgan adelante? Si él tuviera estas cualidades y no
bebiera, ¿valdría la pena que permaneciera en su empresa?
¿Debe tenerle la misma consideración que a los demás
empleados con mala salud? ¿Vale la pena que se salve? Si su
respuesta es sí, entonces las sugerencias que siguen podrían
serle útiles, ya sea que sus motivos sean humanitarios o ¿Se siente capaz de abandonar la sensación de que tiene que
enfrentarse con hábitos pésimos, con una forma de obstinación y
con una débil voluntad? Si esto le parece difícil, vale la pena que
relea los capítulos segundo y tercero de este libro, donde se ha
explicado en forma amplia la enfermedad del alcoholismo. Como
hombre de negocios, usted necesita conocer la realidad antes de tomar
en consideración los eventuales resultados. Si usted admite que su
empleado está enfermo, ¿podrá perdonarle todos las cosas absurdas
que ha hecho en el pasado? ¿Puede creer que él ha sido víctima de
una manera de pensar aberrante, causada directamente por la acción
del alcohol en su cerebro?
Recuerdo muy bien mi sorpresa cuando un eminente médico de
Chicago me habló de casos en los que la presión del líquido raquídeo
había provocado lesiones cerebrales. ¡Cómo entonces asombrarse
de que un alcohólico sea irracional! ¿Quién no lo estaría con un
cerebro febril como el de él? Los bebedores normales no conocen
estas alteraciones, ni pueden comprender las aberraciones del
alcohólico.
Su empleado probablemente ha tratado de esconder muchas de
sus historias más embarazosas. Puede que sean bastante serias, hasta
repugnantes. Usted podría perderse al tratar de comprender cómo un
individuo así de leal en apariencia pudo actuar de ese modo. Mas sus
enredos, sin importar lo graves que sean, generalmente pueden ser
imputados a la acción anormal del alcohol en su mente. Cuando bebe
o sale de una borrachera, un alcohólico, que a veces es un modelo de
honestidad cuando está en un estado normal, cometerá cosas
increíbles. En seguida, su horror por lo que ha hecho será terrible.
Casi siempre, estos extravíos no son achacables más que a su ebriedad.
No se trata aquí de creer que todos los alcohólicos son honestos
y se comportan correctamente cuando no beben. Naturalmente que
no es así. Estas personas pueden aprovecharse de usted. Al darse
cuenta de su empeño por comprenderlos y ayudarlos, algunos
intentarán abusar de su bondad. Si usted está seguro de que su hombre
no quiere dejar de beber, lo mejor es despedirlo, y cuanto antes, mejor.
No le hace ningún servicio conservándolo en su empleo. El despido
podría ser una bendición para un individuo así; podría ser exactamente
la patada" que tanto necesita. Personalmente, yo sé que mi empresa
no hubiera podido hacer nada para que yo cesara de beber, ya que,
mientras conservé mi empleo, no pude darme cuenta hasta qué punto
era grave mi situación. Si me hubieran despedido antes y enseguida
hubieran hecho lo adecuado para ofrecerme la solución contenida en
este libro, habría podido retornar con ellos seis meses después, ya
restablecido.
Pero hay muchos hombres que quieren dejar de beber, y usted
podría llegar lejos con ellos. La comprensión que usted les brinde en
su tratamiento le reportará beneficios.
Quizás usted tenga en mente a un hombre como éste: él quiere
dejar de beber y usted quiere ayudarlo, aunque sólo sea con un fin
utilitario, ya que es un buen elemento. Usted ahora sabe más sobre el
alcoholismo. Se da cuenta de que él está mental y físicamente
enfermo. Usted se muestra dispuesto a olvidar sus pasados errores.
Supongamos que decidiese abordarlo de la siguiente manera:
Usted le dice que está al corriente de su condición de alcohólico
y que ella debe cesar. Puede decirle que reconoce su talento, que le
gustaría conservarlo como empleado, pero que no podrá hacerlo si
sigue bebiendo. Una actitud firme en este punto ha ayudado a muchos
de nosotros.
Sucesivamente podrá asegurarle que no tiene la intención de
amonestarlo, de moralizarlo o de condenarlo; y que si esto ocurrió
anteriormente fue por su escaso conocimiento en la materia. Si es
posible, no muestre ningún resentimiento tenaz hacia él. En este punto
sería bueno explicarle qué cosa es el alcoholismo: una enfermedad.
Dígale que usted lo considera una persona gravemente enferma y
pregúntele si, en vista de lo enfermo que está, desea restablecerse.
Mencione la razón por la cual le pregunta si desea recuperarse:
muchos alcohólicos que están intoxicados tienen la mente torcida y
no quieren renunciar al alcohol. ¿Y él querrá dejar de beber? ¿Hará
todo lo que sea necesario? ¿Se someterá a todo lo que sea necesario
para dejar de beber definitivamente?
Si dice que sí, entonces continúe usted: ¿está verdaderamente
decidido o en su fuero interno cree poder burlarse de usted al
proponerse tomar una copa de cuando en cuando, después de haber
descansado? Según nosotros, es importante sondear al sujeto
profundamente sobre estos puntos. Asegúrese de que él no trata de
engañarlo ni de engañarse a sí mismo.
Nosotros le dejamos tomar la decisión de mencionar o no nuestro
libro. Si el empleado sólo contemporiza con usted y cree aún poder
seguir bebiendo, aunque no sea más que cerveza, será bueno
despedirlo después de la próxima borrachera, la cual no tardará en
llegar si es un alcohólico. Debe comprender absolutamente bien este
hecho. El hombre que está ante usted quiere y puede restablecerse, o
bien, ni quiere ni puede. En este caso último, no pierda su tiempo
con él. Este consejo puede parecer muy duro y severo, pero
habitualmente es lo mejor que se puede hacer.
Después de haberse asegurado de que su hombre quiere
recuperarse y de que intentará todo medio para lograrlo, usted podrá
sugerirle un plan preciso de acción. Para la mayor parte de los
alcohólicos que beben o que apenas han superado una borrachera, es
deseable y a veces imperativo la recuperación a través de un
tratamiento médico. Con toda seguridad, este aspecto del tratamiento
debería ponerse en manos de su propio médico. Cualquiera que sea
el tratamiento, el fin es suprimir los efectos del alcohol en la mente y
el cuerpo del alcohólico. Esta desintoxicación raramente dura mucho
tiempo o cuesta mucho cuando es llevada a cabo por personas
competentes. Su hombre se restablecerá más rápido si adquiere una
condición física que le permita pensar verdaderamente y anular la
sed alcohólica. Si usted le propone este método, es posible que tenga
que darle un adelanto para pagar el costo del tratamiento. También
es importante que comprenda que todo gasto será deducido
ulteriormente de su sueldo. Es mucho mejor que su empleado se
sienta enteramente responsable de su restablecimiento.
Si acepta su oferta, será necesario subrayar que el tratamiento
físico es sólo una pequeña parte del método de recuperación. Aunque
usted le procurase los mejores cuidados médicos posibles, él debe
comprender que es necesario experimentar un cambio dentro de sí.
Para librarse del alcohol se requiere modificar la actitud, así como
la forma de pensar. Agregue que cada uno de nosotros debió
colocar su curación antes que cualquier otra cosa, puesto que, sin
restablecimiento, hubiésemos perdido todo, hogar y trabajo.
Pregúntele si usted puede tener enteramente confianza en su
capacidad para restablecerse. ¿Y usted se siente capaz de garantizarle
que el tema será estrictamente privado, de modo que sus desdichas
de alcohólico y el tratamiento que deberá afrontar no se tocarán sin
su permiso en conversaciones? Sería bueno tener una larga plática
con él a su regreso.
Retornemos al argumento de este libro: éste contiene numerosas
sugerencias concretas que van dirigidas al empleado deseoso de
solucionar su problema de alcohol. Algunas de las ideas que contiene
son nuevas para usted. Quizás usted no se sienta muy atraído por el
método que le sugerimos. Lejos está de nosotros la intención de
ofrecerlo como la última palabra. Sin embargo, en lo que a nosotros
concierne, este método ha sido eficaz. Después de todo, ¿no son los
resultados más importantes que los medios para llegar a los mismos?
Aunque no le guste, su empleado descubrirá la trágica verdad sobre
el alcoholismo. Aunque él no esté convencido de la utilidad del
remedio, éste no podrá hacerle daño.
Le sugerimos atraer sobre este libro la atención del médico que
asistirá a su paciente durante el tratamiento. Si el paciente puede
leerlo mientras padece una profunda depresión, será más capaz de
hacer conciencia de su propia situación.
Es de esperarse que el médico le revele al paciente la verdad
sobre su estado, cualquiera que sea. Cuando se le dé el libro al
paciente, es preferible no decirle que se tiene que apegar a las
sugerencias ahí puestas. La decisión debe tomarla él.
Quizás usted apueste a que su propio cambio de actitud y el
contenido de este libro corregirán el problema de alcohol de su
empleado. En ciertos casos sí ocurre esto; en otros, no. Sin embargo,
creemos que, si persevera, usted se verá recompensado por el éxito.
Dado que nuestra actividad se difunde y el número de los nuestros
aumenta, esperamos que sus empleados podrán ponerse en contacto
con un miembro de nuestro grupo. Entretanto, tenemos la certeza de
que un buen tramo del camino puede recorrerse poniendo en práctica
los consejos de este libro.
Una vez que su empleado regrese de su tratamiento, hable
con él. Pregúntele si cree tener la solución. Si se siente libre de
discutir su problema con usted; si sabe que usted lo comprende y
que usted no se molestará por lo que él desea decirle, el comienzo
será excelente.
En tales circunstancias, ¿usted se siente capaz de permanecer
sereno si él comienza a decirle cosas desagradables? El podrá
revelarle, por ejemplo, que ha inflado la cuenta de sus gastos o
que tenía en mente apropiarse de varios de sus mejores clientes.
De hecho, podrá decirle cualquier cosa desde el momento en que
él aceptó nuestra solución, la cual, como usted sabe, requiere una
rigurosa honestidad. ¿Se siente usted capaz de olvidar todo el
pasado como si se tratase de una cuenta incobrable y de
recomenzar con él? Si le debe a usted dinero, podría fijarle
condiciones favorables.
Si le habla de su situación familiar, sin duda podría darle
sugerencias oportunas. ¿Puede hablar francamente con usted
siempre y cuando no revele secretos de negocios o critique a sus
colegas? Con este tipo de empleado, una actitud así inspirará una
lealtad perenne.
Los más grandes enemigos de nosotros los alcohólicos son el
resentimiento, los celos, la envidia, la frustración y el miedo. Por
doquier, donde los hombres se reúnen con motivos de trabajo,
hay rivalidad y de esa rivalidad nacen ciertas intrigas de oficina.
Nosotros tenemos a menudo la impresión de que las personas
tratan de despreciarnos. A menudo no ocurre eso, en absoluto.
Mas sí puede ocurrir que nuestro alcoholismo les sirva como
capital político" a otros.
Nos viene a la mente el caso de un individuo malicioso que
constantemente hacía pequeñas bromas acerca de las vicisitudes de
un colega alcohólico. De tal modo que ponía a circular chismes
mordaces. Otro caso es el de un alcohólico que fue hospitalizado
para recibir tratamiento. Al principio, sólo algunos de sus compañeros
de trabajo estaban al corriente de su hospitalización, pero en poco
tiempo la cosa era ya del dominio público en toda la empresa.
Naturalmente, en un contexto tal el empleado tenía muchas menos
probabilidades de restablecerse. El empleador muchas veces puede
proteger a la víctima de tales chismes. Él no puede hacer favoritismo,
pero siempre puede defender a un hombre de inútiles provocaciones
y de críticas injustas.
Los alcohólicos son personas enérgicas. Ellos trabajan duro y
despliegan una gran actividad. Su empleado sin duda está dispuesto
a desplegar todo su esfuerzo en sus labores. Habiendo sido debilitado
y encarado con el reajuste físico y mental a una vida que no conoce
el alcohol, quizá podría pecar de exceso de celo en su trabajo. Usted
podría llegar a tener que frenar su deseo de trabajar dieciséis horas
diarias. Quizá sea necesario animarlo a que ocasionalmente se divierta.
Podrá darse el caso que durante sus horas de trabajo desee hacer
cualquier cosa por ayudar a otros alcohólicos. Una razonable libertad
de movimiento le sería de mucha ayuda. Para permanecer abstemio,
este hombre tiene necesidad de este tipo de ocupación.
Una vez que su hombre haya pasado varios meses sin beber,
usted podrá utilizar sus servicios en favor de otros empleados
alcohólicos siempre que, naturalmente, estén dispuestos a aceptar la
intervención de un tercero en su situación. Un alcohólico que se ha
restablecido, pero que ocupa un puesto relativamente poco importante,
puede hablarle a un hombre con una posición más elevada. Viviendo
sobre una base totalmente diferente, jamás se aprovechará de la
situación.
Usted puede tener confianza en este empleado. La larga
experiencia con las infinitas coartadas del alcohólico lleva
naturalmente a la sospecha. Cuando su mujer le telefonee para
decirle que él está enfermo, usted podrá llegar a la inmediata
conclusión de que está borracho. Si este es el caso y tiene aún el
deseo de restablecerse, él se lo dirá a usted, incluso si esto implica
la pérdida de su puesto. Porque él sabe que debe ser honesto En caso de que dé un nuevo paso en falso, aunque sea una sola
vez, usted decidirá si lo despide o no. Si está seguro de que no se ha
empeñado en forma seria, no hay duda de que debe despedirlo. Si,
por el contrario, está seguro de que él está dando lo mejor de sí,
puede ofrecerle una última oportunidad. Sin embargo, usted no debe
sentirse obligado a conservarlo en su puesto, ya que ha hecho lo que
le correspondía.
Hay otra cosa que usted puede hacer. Si su empresa es de
grandes dimensiones, podría darles este libro a los jóvenes
ejecutivos y hacerles saber que usted no tiene ninguna aversión
por los alcohólicos en su empresa. Estos jóvenes están a menudo
en una posición difícil. Los hombres que tienen a sus órdenes son
a menudo sus amigos. Así, por una razón u otra, estos jóvenes
ejecutivos protegen a sus subordinados, esperando que las cosas
se arreglen. A menudo ponen sus propios puestos en peligro al
tratar de ayudar a los bebedores que debieron haber sido
despedidos desde hace mucho tiempo o a los cuales se les debió
haber ofrecido la oportunidad de restablecerse.
Después de leer este libro, el joven ejecutivo podrá abordar a un
empleado y decirle algo así como: Escucha, mi amigo: ¿quieres
dejar de beber o no? Me pones en aprietos siempre que te
emborrachas. Es injusto para mí y es injusto para la compañía. He
aprendido algunas cosas sobre alcoholismo. Si eres un alcohólico,
estás gravemente enfermo. De hecho, te comportas como tal. La
compañía desea ayudarte para que te restablezcas y, si la cosa te
interesa, hay una forma de que salgas. Si aceptas este método, tu
pasado será olvidado y el hecho de ausentarte para que te traten no
será mencionado. Pero si no puedes ni quieres dejar de beber, creo
que será mejor que renuncies."
El joven director en cuestión puede no estar de acuerdo con el
contenido de nuestro libro. No es necesario que lo muestre a su
probable alcohólico y a menudo es mejor no hacerlo. Pero al menos
comprenderá el problema y no se dejará engañar más por las promesas
habituales. Estará en una mejor posición para actuar con ese hombre,
en una posición eminentemente clara y justa. Ya no tendrá razón
para cubrir a un empleado alcohólico.
Esto quiere decir, en resumen, que ningún empleado debe ser
despedido simplemente porque es un alcohólico. Si él quiere cesar
de beber, se le debería dar realmente la oportunidad de hacerlo. Si no
puede o no quiere renunciar al alcohol, él debe ser despedido. Las
excepciones a esta regla son raras.
Según nosotros, el método propuesto permitirá realizar varias
cosas. Les dará a los hombres de valía la oportunidad de restablecerse.
Al mismo tiempo, le permitirá a usted no tener ninguna duda para
librarse de aquéllos que no puedan o no quieran cesar de beber.
Quizás el alcoholismo le esté causando graves daños a su empresa por
las pérdidas de tiempo, dinero y prestigio que entraña. Esperamos
que nuestras sugerencias lo ayuden a remediar las graves fugas.
Pensamos que actuamos razonablemente al reiterarle que ponga
fin a este desperdicio y le ofrezca, a quien la merezca, la
posibilidad de recuperarse.
El otro día visitamos al vicepresidente de una gran empresa
industrial para informarle sobre nuestro método. Escuche lo que nos
dijo: Estoy muy feliz de que ustedes hayan tenido éxito en superar
su problema de alcohol. Sin embargo, la política de nuestra empresa
es la de no intervenir en la vida privada de los empleados. Si un
hombre bebe en tal forma que afecte su trabajo, lo despedimos. No
veo de qué modo nos pueden ayudar, pues como pueden verlo
no tenemos ningún problema de alcoholismo." Anualmente, esta
misma empresa dedica millones para investigación. Sus costos de
producción son muy bajos. El personal dispone de instalaciones
recreativas y tiene seguros. La empresa se ocupa realmente del
bienestar de sus empleados, tanto por razones humanitarias como
por su propio interés, pero del alcoholismo no, pues simplemente no
cree que éste exista dentro de sus muros.
Quizá se trate de una actitud típica. Nosotros que, como grupo,
tenemos un buen conocimiento del mundo de los negocios, por lo
menos desde el punto de vista del alcoholismo, no pudimos hacer
otra cosa más que sonreír al escuchar la sincera opinión de este hombre
de bien. Probablemente se asombraría si conociese cuánto cuesta
cada año el alcoholismo a su organización. Esta empresa tiene, sin
duda, varios alcohólicos activos o en potencia. Consideramos que
los directores de grandes empresas a menudo no tienen más que una
vaga idea de la magnitud del problema que existe dentro de las
mismas. Aunque usted crea que el problema no está dentro de su
empresa, le convendría verlo más de cerca. Quizás hiciese interesantes
descubrimientos.
Este capítulo presenta a los alcohólicos, personas enfermas,
trastornadas. Los alcohólicos que nuestro amigo tenía en mente eran
los bebedores normales o fiesteros. Para ellos, su política era sin
ninguna duda sensata, pero no hacía ninguna distinción entre los
bebedores y los alcohólicos.
No es necesario creer que a un empleado alcohólico se le debe
consagrar mucho tiempo y atenciones exageradas. Él no debe gozar
de un tratamiento preferencial. El individuo justo, aquel que se
recupera, no aceptará una situación tal de privilegio. No abusará.
Todo lo contrario, trabajará como desesperado y le estará agradecido
hasta el último de sus días.
Actualmente tengo una compañía pequeña. Entre los empleados
hay dos alcohólicos cuyo rendimiento laboral equivale al de cinco
vendedores normales. ¿Y por qué es así? Ellos tienen una nueva
actitud hacia la vida y se han salvado de ser muertos en vida. Para mí
es motivo de constante alegría haberme empeñado en ayudarlos a
recuperarse.
updated: September 14, 1997
A LOS EMPLEADORES
algo natural, fastidiado por su debilidad, su estupidez y su
irresponsabilidad. Aun aquéllos que comprendan esta enfermedad
pueden reaccionar de esta manera.
de negocios.
si quiere sobrevivir. Él apreciará que usted no se rompa la
cabeza por su situación, que no tenga sospechas de él, que no
intente tenerlo al abrigo de la tentación de beber. Si él sigue
concienzudamente el programa de restablecimiento, podrá ir a
donde los negocios de usted lo llamen.
![]()
![]()