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Décima Tradición AA

"Alcohólicos Anónimos no tiene opinión acerca de asuntos
ajenos a sus actividades; por consiguiente su nombre nunca debe mezclarse en
polémicas públicas".
Nunca desde sus comienzos se ha visto Alcohólicos Anónimos dividida por una gran
controversia. Ni tampoco nuestra Comunidad jamás ha tomado partido públicamente
en ninguna polémica de este mundo turbulento. Sin embargo, esto no ha sido una
virtud adquirida. Casi se podría decir que nacimos con ella, porque, como dijo
recientemente un veterano, "Muy rara vez ha oído a los miembros de A.A. discutir
acaloradamente entre sí cuestiones de religión, política o reforma. Mientras no
discutamos sobre estos asuntos en privado, podemos contar con que no lo haremos
en público".
Como si estuviéramos guiados por algún instinto profundo, los A.A. hemos sabido
desde el mismo principio que, fuera cual fuera la provocación, jamás debemos
tomar participado públicamente en ninguna querella, por muy noble que fuese. La
historia nos presenta el espectáculo de naciones y grupos enredados en
conflictos que acabaron finalmente destrozados por haberse originado en
controversias o por haber caído en la tentación de participar en ellas. Otros se
derrumbaron debido a su fanática rectitud, al intentar imponer en el resto de la
humanidad unos ideales de su propia invención. En nuestros tiempos, hemos visto
morir a millones de personas en guerras políticas o económicas, a menudo
provocadas por diferencias religiosas o raciales. Vivimos bajo el inminente
peligro de un nuevo holocausto encendido con motivo de determinar cómo deben
gobernarse los hombres, y cómo deben repartirse entre ellos los frutos de la
naturaleza y de sus labores. Este es el clima espiritual en el que nació A.A. y
en el que, por la gracia de Dios, a pesar de todo, ha florecido.
Recalquemos que esta aversión a pelearnos entre nosotros o con los demás, no la
consideramos como una virtud especial que nos hace sentir superiores a otra
gente. Ni tampoco quiere decir que los miembros de Alcohólicos Anónimos, ahora
restablecidos como ciudadanos del mundo, vaya, a evadir su responsabilidad
individual de actuar según le parece apropiado con respecto a las cuestiones de
nuestra época. Pero cuando se trata de A.A. como un todo, es un asunto muy
diferente. No nos metemos en controversias públicas, porque sabemos que nuestra
Sociedad perecerá si lo hacemos. Creemos que la supervivencia y el crecimiento
de Alcohólicos Anónimos tiene mucho más importancia que la influencia que
colectivamente pudiéramos tener a favor de cualquier otra causa. Ya que la
recuperación del alcoholismo significa para nosotros la vida misma, es
imperativo que conservemos en su plena potencia nuestro medio de sobrevivir.
Puede que esto cause la impresión de que los alcohólicos de A.A. han llegado
repentinamente a una armonía perfecta y se han convertido en una gran familia
feliz. Claro que no es así. Por ser seres humanos, tenemos nuestras riñas. Antes
de alcanzar un poco de estabilidad, A.A. parecía más que nada una riña colosal,
al menos en la superficie. El director de una empresa, que acababa de votar en
pro de un desembolso de cien mil dólares, llegaba a una reunión de negocios de
A.A. y se ponía hecho una furia por unos gastos de veinticinco dólares para
comprar los sellos de correo que necesitábamos. Disgustados por el intento de
algunos de dirigir el grupo, la mitad de los hombres se iban airadamente para
formar otro grupo que fuera más a su gusto. Los ancianos, aquejados de un
arranque de fariseísmo, se han puesto enfurruñados. Se han lanzado ataques
encarnizado en contra de la gente sospechosa de tener motivos dudosos. A pesar
de todo ese ruido, nuestras pequeñas desavenencias nunca hicieron a A.A. el
menor daño. Eran una parte integrante del proceso de aprender a vivir y trabajar
juntos. Vale mencionar también que casi siempre tenían que ver con formas de
hacer que A.A. fuera más eficaz, cómo hacer el mayor bien para el mayor número
posible de alcohólicos.
La Sociedad Washingtoniana, un movimiento de alcohólicos que empezó en Baltimore
hace un siglo, estuvo a punto de dar con la solución del alcoholismo. Al
principio, la sociedad estaba compuesta exclusivamente por alcohólicos que
trataban de ayudarse mutuamente. Los primeros miembros vieron que debían
dedicarse a este único propósito. En muchos aspectos, los Washingtonianos eran
parecidos a los A.A. de ahora. Llegaron a tener más de cien mil miembros. Si se
les hubiera dejado en paz, y si se hubieran aferrado a su único objetivo, es
posible que hubieran encontrado toda la solución. Pero no sucedió así. Los
Washingtonianos permitieron que los políticos y los reformistas, tanto
alcohólicos como no alcohólicos, se aprovecharan de la sociedad para sus propios
fines. Por ejemplo, en aquel entonces la abolición de la esclavitud era una
candente cuestión política. Pronto, los oradores del movimiento Washingtoniano
tomaban partido, pública y apasionadamente, en esta controversia. Quizás la
sociedad pudiera haber salido ilesa de la controversia de la abolición de la
esclavitud, pero una vez que se puso a reformar las costumbres de beber de los
norteamericanos, sus días estaban contados. Los Washingtonianos se convirtieron
en cruzados de la temperancia y, a los pocos años perdieron completamente su
eficacia para ayudar a los alcohólicos.
Alcohólicos Anónimos no ha echado en saco roto la lección aprendida de los
Washingtonianos. Al contemplar las ruinas de ese movimiento, los primeros
miembros de A.A. decidimos mantener nuestra Sociedad fuera de toda controversia
pública. De esa manera, se colocó la piedra angular de la Décima Tradición:
"Alcohólicos Anónimos no tiene opinión acerca de asuntos ajenos a sus
actividades; por consiguiente su nombre nunca debe mezclarse en polémicas
públicas".

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